Beppe Ruglioni, in memoriam.

 

 

 

 

Shihan (師範) es un término del idioma japonés que identifica un título honorífico para referirse a los maestros de maestros. Sin embargo, también es la palabra utilizada para designar “un buen ejemplo”, “un modelo a seguir” o “alguien a quien imitar”, que se ha ganado el respeto de los demás con su compromiso con la práctica, su nivel técnico y su
forma de ser.

 

En el caso de Beppe, que mostró siempre gran humildad, se ganó mi reconocimiento como persona, y no sólo por nivel técnico, hace muchos años, con pequeños gestos como los que voy a contar, que mostraban perfectamente su gran humanidad y la excelente persona que era.

 

A Beppe le conocí el 28 de mayo de 1997 en Valencia. Yo acudía, como muchas otras veces, a los cursos organizados por mis buenos amigos de Valencia, en esta ocasión, en el gimnasio Gimnasio Esportiu Valencia, al final de la avenida del puerto.

 

Era su primer curso en España, y supongo que estaría nervioso, ya que me lo encontré nada más entrar al gimnasio, mirando el tablón donde se anunciaban las actividades que ofrecía el local, con aire inquieto.

 

Vestía su habitual pantalón de pana, camisa a cuadros y grandes zapatos de suela ancha. Siendo una persona abierta, no tardó ni un segundo en preguntarme si venía al curso, cosa totalmente evidente ya que llevaba la funda del bokken y el jo al hombro, y con su simpatía habitual, tardó mucho menos en entablar conversación conmigo, como pudimos, pues yo no sabía nada de italiano, y mi inglés era y es muy pobre. Ambos compartíamos un pasado de práctica de Aikido Tradicional, y hablando sobre ello rápidamente me dio muy buena impresión por su simpatía y amabilidad.

Después, ya en el tatami, tuve la suerte de ser su uke varias veces durante el curso. En aquella época sus cursos eran muy intensos físicamente hablando. Yo tenía 25 años e iba a clase de aikido
tradicional al menos tres horas a la semana, mi forma física era bastante buena, y aun así recuerdo el trabajo intenso que hicimos, terminando el kimono totalmente empapado de sudor en cada sesión.

 

Disfruté mucho durante ese primer curso, y en la cena habitual de este tipo de seminarios, tuve ocasión de hablar más con él.

 

Cuando te miraba detenidamente, los ojos azules de Beppe parecían poder ver tu alma, su mirada era muy profunda y expresiva, reflejando también una gran calma interior.

 

Cuando finalizó el curso, y justo antes de irme, me invitó amablemente a visitarle en Florencia. En aquella época no tenía responsabilidades, y le tomé la palabra en verano desplazándome a Florencia a entrenar de manera intensiva.

 

El viejo Ki Dojo estaba situado muy cerca el actual, en un garaje. Había que bajar una rampa hasta la recepción, y en el sótano, entre columnas, había un espacio para entrenar y unos pequeños vestuarios. Era muy rudimentario, pero sinceramente tenía mucho encanto, ya que el espíritu que se respiraba allí, además de familiar, transmitía un ambiente excepcional. Todavía recuerdo los mecanismos para cerrar las puertas de baño, totalmente artesanales con poleas, o la nevera pequeña que tenía para disponer de agua después del entrenamiento, con una pequeña ranura en la parte superior del mueble para introducir el dinero.

 

En aquella ocasión yo viaje en avión desde Madrid, después de estar toda la noche de fiesta, sin dormir más que las dos horas de viaje. Llegué por la mañana, y tras visitarle le aseguré que descansaba una hora en el hotel y me incorporaba a las clases. Me tumbé con la intención de dormir unos pocos minutos, pero la noche de fiesta me pasó factura y me quede dormido varias horas, cuando desperté y vi la hora acudí corriendo al Dojo.

 

En cuanto me vio vino directo hacia mí, y me echo una bronca tremenda, no por haber faltado a clase como yo pensaba, sino porque estaba preocupado de que me hubiera ocurrido algo en una ciudad extraña. Tuvo que pasar muy mal rato, porque incluso con el paso de los años, me lo siguió recordando, en tono amable, pero firme, muchas veces.

 

Así era el… Por mi parte no volví a llegar tarde a un entrenamiento suyo, nunca.

 

No fue la única vez que le visité, en varias ocasiones más acudí, con amigos de Valencia y solo, a su dojo. Las clases eran lunes, miércoles, viernes y sábados por la mañana, un montón de horas cada uno de esos días… Dormí muchas veces en los sillones que tenía en la recepción, juntando dos, o en casa de sus alumnos y descubrí la maravillosa ciudad de Florencia aprovechando los días que no tenía clase.

 

Beppe me presentó a todos sus alumnos,haciéndome sentir un alumno suyo más. Incluso me propuso en una ocasión viajar con su grupo a Tokio. Desgraciadamente, el coste era tan alto que no pude acceder a acompañarle. No me faltaban ganas os lo aseguro.

 

Con el paso de los años Beppe amplió sus cursos, dando anualmente uno en Barcelona y otro en Valencia. Mi relación con el fue siempre excelente.


También acudí al norte de Italia, casi frontera con Suiza, a Bressanone, a los cursos de verano que organizaba allí con Yoshigasaki Sensei. Fue una experiencia increíble ver tanta gente de toda Europa junta disfrutando de la práctica del Aikido.

 

Pude ver cumplido su sueño cuando inauguró el nuevo ki dojo en 2001, un espacio mucho más grande y con instalaciones modernas, se le veía feliz en la ceremonia, el nuevo ki dojo estaba lleno de gente, fue un éxito absoluto.

 

Con los años tuvo un problema de salud, y el ritmo en sus cursos bajó, manteniendo un altísimo nivel en el plano técnico. En ningún momento perdió la sonrisa, y siempre se mostró cercano conmigo.

Un tiempo después mis responsabilidades aumentaron con la llegada de mi hija, y temporalmente tuve que dejar de asistir a sus cursos.

 

Cuando retomé la práctica le volví a ver, nuevamente en Valencia, en el polideportivo de Alboraya.

Lo primero que hizo nada más verme, después de mucho tiempo sin saber nada de mi, fue darme un gran abrazo. Rápidamente nos pusimos al día y le encontré tan amable y cercano como siempre.


Los años pasaron y tuvo ocasión de conocer a mi pareja y nuestras niñas.

 

En las comidas típicas valencianas, mientras el tomaba café, le observaba mirarme fijamente mientras me veía jugar con las niñas… la sonrisa asomaba en su rostro, y sin duda recordaba un tiempo pasado en que el hacía lo mismo con su hija, que es mucho más mayor que las mías.

Para gran sorpresa, hace poco descubrí que su hija le llamaba cariñosamente con el mismo nombre que emplea mi hija para mí, en italiano “babbo”, en español “papito”.

 

Cuando se enteró que después de muchos años había decido presentarme a examen de primer dan, no dudo en dedicar parte del curso que estaba dando para repasar cosas del examen, y me pidió insistentemente que le dijera las técnicas donde más dudas tuviera para verlas con detalle.

Fue un detalle más de su profunda generosidad.


Sin duda alguna, y aunque Beppe nunca lo hubiera utilizado para referirse a sí mismo, él es la imagen perfecta de lo que debería ser un Shihan, un ejemplo que deberíamos seguir todos.

 

“Las personas no mueren hasta que muere la última persona que las recuerda” Pilar Green

 

Mantengamos vivo su recuerdo.

 

R.I.P. Giuseppe Ruglioni 1953-2016

 

 

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C/ Donoso Cortes 53,

teléfono 915 44 21 11

Metro Islas Filipinas y Moncloa.

Horario Martes y Jueves de 19:00 a 20:00 h

Precio: 58€ /mes iva incluido

Clase de prueba gratis.

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